Tolerancia_respeto

El valor de la palabra tolerancia. Presidente de COLMAC para El País

noviembre 4, 2026

9

Por Eduardo Durán Gómez*

Al reunirse el pleno de las 23 academias de la lengua española en Madrid, se solicitó escoger la palabra favorita dentro de las miles que posee nuestro idioma. El director de la RAE, don Santiago Muñoz Machado, no vaciló un instante cuando expresó la suya: Tolerancia.

Nada más oportuno el término, pues la realidad del mundo nos está diciendo que esa palabra, si bien no ha entrado en desuso, sí en la falta de comprensión de su real significado y del compromiso que encierra el alma de esta. Según el diccionario, tolerancia es “Respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias”.

Un párrafo que vale la pena leer mil veces, para poder estar en capacidad de asimilarlo, comprenderlo y ponerlo en práctica.

Lo que hoy nos muestra el mundo es precisamente su antítesis: se pregona la democracia, la libertad de pensamiento, el respeto, la igualdad, y en la práctica lo que contemplamos es una arrogancia en el ejercicio del poder, llena de individualismo y deseosa de imponer el antojo de quien la pregona. Vienen a la mente expresiones que creíamos ya superadas por la civilización como “El Estado soy Yo” o como “El que manda, manda, aunque mande mal”.

Resulta preocupante que, en estos tiempos actuales, los asuntos de la política se estén decidiendo entre los extremos y se haya aplastado la moderación para pasar a regímenes triunfalistas que se exhiben con arrogancia y que se van por el atajo de la intolerancia para quedarse en lo suyo, y para olvidarse de que las naciones están conformadas por una amplia variedad de matices, para los cuales también hay que gobernar y estar en la disposición para hacer irrigar las bondades del Estado.

La tolerancia viene de la elevación del grado de civilización, y de la formación alrededor de los conceptos de respeto, equidad y justicia.

Posesion_COLMAC_presidencia_2026-2027_5

Dr. Eduardo Durán Gómez- Presidente COLMAC

Cuando los gobiernos deciden colocarse del lado de quienes ostentan y presionan el fanatismo de las ideas políticas, o de las intromisiones religiosas, o de las discriminaciones entre los seres humanos, los efectos nocivos no se hacen esperar y las rupturas sociales comenzarán a identificar el camino accidentado por el que transitarán los líderes del momento.

El Estado nunca puede aparecer como favorecedor de unos y perseguidor de otros. Podrá establecer diferencias de criterio y de acción, pero siempre después de oír, de propiciar los acercamientos y de intentar la concertación.

No podemos olvidar que dentro de las diferencias también se construye, y que el pluralismo es necesario no solo para advertir, sino también para fiscalizar y para agregar nuevos elementos que en muchos casos podrían también llegar a completar las mejores decisiones.

A los contradictores hay que reconocerlos, seguramente oírlos con prudencia, pero confrontarlos con razones y con hechos que demuestren una mejor acción dentro de un respeto que también imponen la civilización y la razón.

El diálogo resulta ser una herramienta útil para discutir las diferencias, para plantear acuerdos y para pulir escenarios que puedan estar dirigidos al bien común y a la construcción de una sociedad más compacta y con menores heridas.

La democracia nos ha enseñado que si bien es cierto los gobiernos deben surgir de una composición de mayorías, los triunfadores no pueden olvidar que una vez sea consolidado ese triunfo, el mandato de la razón, y también el de la justicia, indican que su acción debe estar dirigida a la totalidad de los asociados, en donde la marginación tiene que ser condenada y colocada como ejemplo de mal gobierno.

Los extremistas siempre se han caracterizado por imponer, y muchas veces aplastar al vencido en las urnas; acostumbran limitarles no solo la libertad de expresión, sino también impedirles muchos de los beneficios del Estado para que no lleguen a quienes no han sido partícipes de la mayoría triunfadora.

Nos pone a recordar don Santiago Muñoz Machado que la lengua sirve para construir, pero también para destruir; y que en alma de las palabras podemos encontrar una riqueza inconmensurable que nos permitirá ser mejores, y sobre todo poder estar en condiciones de cumplir con el compromiso de gobernar bien, o por lo menos, lo mejor posible.

No podemos olvidar que el tiempo siempre terminará pasando la cuenta de cobro, a quienes no fueron consecuentes con sus responsabilidades.


*Eduardo Durán es presidente del Colegio Máximo de las Academias – COLMAC y de la Academia Colombiana de la Lengua.  Columna para El País

Balance del encuentro de trabajo entre las Academias Nacionales del Colegio Máximo de las Academias de Colombia y el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación

Balance del encuentro de trabajo entre las Academias Nacionales del Colegio Máximo de las Academias de Colombia y el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación

En el marco del fortalecimiento de los lazos entre el sector académico y el Gobierno Nacional, el presidente del Colegio Máximo de las Academias de Colombia (COLMAC), Dr. Eduardo Durán Gómez, junto a los Presidentes de las Academias Nacionales, sostuvo un diálogo estratégico con los viceministros del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación: César Darío Guerrero Santander, viceministro de Talento y Apropiación Social del Conocimiento, y Luisa Fernanda Robayo Ortíz, viceministra de Conocimiento, Innovación y Productividad.