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Escuchar la Tierra: rescatando la vida del padre Jesús Emilio Ramírez, pionero de la geofísica colombiana

noviembre 3, 2026

La Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y la Sociedad Geográfica de Colombia lanzaron la biografía del jesuita que, en el siglo XX, puso a Colombia en el mapa de las geociencias.

La Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (ACCEFYN), en acuerdo editorial con la Sociedad Geográfica de Colombia (SOGEOCOL), entregaron a la comunidad académica y científica del país el libro «Escuchar la Tierra: Vida y obra del padre Jesús Emilio Ramírez González, S.J. (1904-1981)». La biografía, escrita por Santiago Vargas Domínguez y Freddy Moreno Cárdenas, recorre la labor científica de este importante geofísico colombiano.

La pregunta que los llevó a crear la obra fue ¿cómo llegó un sacerdote colombiano a convertirse en una de las figuras más influyentes de la geofísica en América Latina? Según sus autores, la aventura científica de Ramírez es comparable, guardadas las proporciones, con la Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada. En las décadas de 1950 y 1960 logró atraer a Colombia la mirada del mundo, la inversión y a expertos internacionales. Los mejores instrumentos de la época registraron aquí la ionosfera, el campo magnético, los rayos cósmicos y la radiactividad. Antes de eso, en estas áreas, el país simplemente no figuraba.

Originario de un pequeño pueblo de Antioquia de tradición minera de nombre Yolombó, Jesús Emilio Ramírez nació el 25 de abril de 1904. Este mismo pueblo fue inmortalizado por Tomás Carrasquilla en «La marquesa de Yolombó», emparentado a través de la línea paterna, con la familia Ramírez. Una familia numerosa y de marcado interés por las ciencias: el patriarca de la familia había estudiado medicina, aunque la Guerra de los Mil Días le impidió terminar, y abrió una botica. Cinco de los hermanos del padre Jesús Emilio fueron jesuitas (eran 10) y uno de ellos, también llamado Emilio Ramírez, participó en la investigación sobre la Sábana Santa de Turín. Además, tuvo dos hermanos médicos y uno zoólogo.

A los 14 años, Jesús Emilio, ingresó a la Compañía de Jesús. Con la creación de la Provincia Javeriana, hacia 1924, sus superiores eligieron a un grupo de sacerdotes para formarlos en el exterior: Enrique Pérez Arbeláez estudió botánica en España, Carlos Ortiz Restrepo, matemáticas en Alemania y Jesús Emilio Ramírez estaba destinado a la pedagogía y viajó a Nueva York. Su rumbo cambió cuando Colombia necesitó un geofísico para apoyar el desarrollo del observatorio meteorológico. Le preguntaron si estaba dispuesto a estudiar geofísica y aceptó sin dudar. Una coincidencia, que cambió la historia de la ciencia en el país.

En la Universidad de San Luis (Missouri) trabajó con uno de los geofísicos más renombrados del momento, James Macelwane, director de su tesis doctoral. Bajo su dirección desarrolló un sistema para rastrear el origen de los microsismos, generados por el golpeteo de grandes tormentas contra la base de los continentes. Con estaciones en tres sitios podía triangular la ruta de un huracán, algo valiosísimo en una época sin satélites. El método llegó a considerarse secreto de guerra por su utilidad para proteger a los marinos de la armada estadounidense frente a los tifones del Pacífico. Su equipo se probó con el gran huracán de Nueva Inglaterra, cuya trayectoria real logró identificar.

 

El Instituto Geofísico de los Andes y la red sísmica

De regreso en Colombia en 1940, fue profesor de la Javeriana, de la que más tarde sería rector. En 1941 fundó, junto con el padre Simón Sarasola, el Instituto Geofísico de los Andes, con sede en el Colegio Mayor de San Bartolomé de la Merced. Con apoyo de instituciones como la Carnegie Corporation consiguió instrumentos de última generación. En 1947 se publicó el mapa sísmico y tectónico, y en 1949 se fundó el Instituto Sísmico de Colombia.

El instituto desarrolló líneas de sismología, meteorología, oceanografía, electromagnetismo y vulcanología, todas estratégicas para un país como Colombia con dos océanos, volcanes y alta variabilidad climática. La red incluyó estaciones en Chinchiná y Galerazamba en 1950, Fúquene en 1957, Bucaramanga en 1968 y Obonuco en 1971, esta última en una hacienda jesuita. El padre Ramírez se destacó, además, por su habilidad para conseguir recursos en el gobierno y la industria, indispensables para el crecimiento de geofísica en Colombia y por trabajar en conjunto con otras instituciones como el Instituto Geográfico Militar que se convertiría a la postre en el Instituto Geográfico Agustín Codazzi. Su obra Historia de los terremotos en Colombia sigue siendo una referencia fundamental en la materia. Los autores recuerdan que su primer documento recoge el reporte inicial del deslave de Armero, tragedia que ocurrió cuatro años después de la muerte del padre.

 

Año Geofísico Internacional

Reconocido en el exterior, el sacerdote y científico, impulsó la participación de Colombia en el Año Geofísico Internacional (julio de 1957 a diciembre de 1958), un periodo marcado por el lanzamiento del Sputnik y por la mayor actividad solar registrada. En el país se instalaron más de 70 sitios de observación meteorológica y se hicieron estudios de ionosfera, rayos cósmicos, gravimetría y radiactividad atmosférica. Esta última tuvo especial interés en plena Guerra Fría, por la posición ecuatorial de Bogotá. Pero no fue solo un hombre de laboratorio: subió a los glaciares de la Sierra Nevada del Cocuy y de la Sierra Nevada de Santa Marta, visitó volcanes como Puracé, Galeras y el Huila, y realizó el primer estudio de la Cueva de los Guácharos. También reunió una colección de meteoritos y otra de más de 1.000 piezas de 500 minerales diferentes, hoy en el Archivo Histórico Javeriano. Un verdadero hombre de ciencia.

Entre 1956 y 1966 presidió la ACCEFYN, fue rector de la Pontificia Universidad Javeriana en 1960 y presidió la red sísmica latinoamericana. En 1978 la Sociedad Geográfica de Colombia lo nombró presidente honorario. Fue invitado por el emperador del Japón, la Unión Soviética y China, y mantuvo una postura neutral en plena Guerra Fría: su bandera, decían, era la evidencia científica. Su legado  plantea tareas pendientes: sismogramas guardados en bodega esperan análisis, y datos de una ionosonda que operó durante una década, de los que solo se conservan pocos meses y que podrían ofrecer información inédita sobre la ionosfera durante un periodo de intensa actividad solar.


El libro fue elaborado con apoyo del Archivo Histórico Javeriano, la ACCEFYN y la Sociedad Geográfica de Colombia, e incluye fotografías restauradas y una cronología de reconocimientos del padre Ramírez. Nota,  Victoria Rodríguez G.  creada a partir de la conferencia Lanzamiento Libro: «Escuchar La Tierra: Vida y Obra del Padre Jesús Emilio Ramirez» (1904 – 1981) en el canal de YouTube de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas Físicas y Naturales.

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